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Grandes ideas, grandes relatos

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La humanidad es capaz de grandes ideas. Ojo, no digo buenas, digo grandes. Algunas son buenas, para mí, para lo que yo creo que es bueno. La Justicia Universal para mí es una idea grande y buena, por ejemplo. Si usted ha masacrado a una parte de su población e impuesto un régimen jurídico en su territorio en el que esto es legal, o es ilegal decir que ha ocurrido, no debería poder ir tranquilamente por el orbe sin riesgo a que alguien le detenga y le diga, “oiga, que ha masacrado usted a una parte de su población”. Parece algo con lo que en principio todo el mundo estaría de acuerdo.

Pero una cosa son las ideas y otra el mundo real. Si usted ha masacrado a una parte de su población pero produce algo, lo que sea, que es importante, o muy barato, para un tercer país, o financia su deuda, o está en una posición geoestratégica vital para ese país tercero, usted puede decirle “oiga, a lo mejor yo no he masacrado a nadie, revíselo, no vaya a ser que”. Y el país tercero justificará que la población masacrada eran peligrosos terroristas que no le dejaron a usted opción. Chimpún.

Hace un siglo era una buena idea la Pureza de la Raza. A ver, buena no era, pero a mucha gente le gustaba. Y, al igual que hoy, se secuestraba a la ciencia y se le obligaba a decir lo que no decía. Y de repente eras inferior y no tenías derecho a tener derechos. Yo creo que todas las superestructuras que avalan la desigualdad en el fondo están justificando la preeminencia de la gente rica sobre la gente pobre, pero puede ser porque de pequeña me caí vendimiando y me di un golpe en la cabeza. Tuvieron que ponerme puntos. Pero lo pienso, pienso que es una pantalla, un trampantojo. No digo que no haya gente que crea realmente que alguien es superior en función del tamaño del lóbulo de sus orejas, por ejemplo, pero que es una forma sencilla de contárselo a sí misma. Y creo también que esto contribuye a dar forma a la respuesta, configura la contestación ideológica a ese mismo principio. Y favorece que al final todo sea una batalla fatua de relatos. El antirracismo es un buen ejemplo. En los lugares donde las personas ricas son de un color y las pobres de otro, la inercia de perpetuación de la desigualdad tiene forma de supremacismo. Y la respuesta se organiza en torno al antirracismo. Por eso cuando sale una persona que pertenece al grupo cromático de las pobres pero al económico de las ricas articulando un discurso meritocrático y poniéndose a sí misma como ejemplo, parece que algo falla en el planteamiento. Pero en el momento no sabemos qué porque no estamos mirando el conflicto, su naturaleza, sino su representación.

Tengo un montón de papelitos encima de la mesa en los que voy apuntando ideas que me parecen interesantes de lo que voy leyendo. Lo hago mal. Lo hago fatal porque no consigno la referencia completa, quién dijo esto, cuándo, en qué contexto, muchas veces es solo un pensamiento sin sintaxis, una idea en el vacío. Así, a lápiz, encuentro en el revés de una carta de la Agencia Tributaria, en el margen que dejó otra abigarrada sucesión de frases inconexas, “el acontecimiento es el relato del acontecimiento”. Y es como si hubiera escrito “los leopardos son panteras a topos”, igual. En el momento en que lo escribí significaba algo arcano, profundo, que me movió a garabatear esa frase con un lápiz romo. Pero me inspira que mientras el acontecimiento sea el relato del acontecimiento y haya alguien con el poder suficiente para condicionar, deformar y retorcer el relato, no podremos tener una idea común, compartida, del acontecimiento. Y no podremos reaccionar de manera racional y colectiva a este.

Y, a lo mejor porque me abrí la cabeza vendimiando, pienso que esta situación que sitúa la lucha en el ámbito de los relatos impide cualquier acción real sobre los acontecimientos y favorece la inflamación del espíritu, la alharaca y el barullo emocional.

Y al final la humanidad termina siendo capaz de grandes ideas pero de poca chicha.

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Alicia Ramos

Me llamo Alicia Ramos y lo mío me ha costado. En realidad soy cantautora, pero solo me dan premios cuando escribo novela.

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