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Las trans lesbianas existimos y somos estupendas

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No sé si mis compañeres de la Asociación sabrán que estoy escribiendo esto. Están en otra sala, discutiendo sobre no sé qué con no sé quién y, como al final me gusta escribir, pues tenía ganas de lanzar unas ideas aquí. Sin más, que el café me ha inspirado… creo…

Una de las cosas que a mí me bloqueó más para salir del armario definitivamente como mujer transexual fue mi orientación sexual (u orientación del deseo, como la llaman algunas personas). Que yo era mujer ya lo sabía desde pequeña… Que eso, en mi caso, implicaba que yo fuera una mujer transexual, ya lo sabía también desde la adolescencia… Pero… ehm… ¿por qué me gustan las mujeres entonces?

Parece una tontería pero no lo es. Pensad cinco segundos en qué imagen hay de una mujer transexual en la cultura pop: mujer heterosexual muy femenina en su expresión. ¿Mujeres transexuales homosexuales en el imaginario popular? Me atrevo a decir que ninguna.

Esa falta de referentes es mortal. Yo me sentía absolutamente culpable o de saber que era mujer o de que me gustaran las mujeres. Antes de aceptarme buscaba excusas para «forzar» que yo quizás era un chico gay que se reprimía, pero la represión no estaba… porque el deseo no estaba ni camuflado en forma de odio. Curiosamente, si me veía mujer, con la euforia de género que eso me producía (y me produce), nunca era verme como mujer heterosexual: siempre, siempre, siempre… lesbiana, sáfica, bollera… y bien fem.

Mis referencias sociales sí que eran lésbicas, pero cis. De alguna u otra manera siempre me las arreglaba para que hasta en el trabajo yo acabara siempre en entornos muy bollo. ¿Quizás haber estudiado Filología y Lingüística haya contribuido a ello? Quién sabe. El hecho es que yo era aceptada en los círculos lésbicos antes de yo ni aceptarme como quien soy. Es más, más de alguna usaba trato femenino conmigo… (y alguna de ellas, cuando le di la noticia, me espetó un «Te estábamos esperando, nena»).

Sinceramente, no habría «perdido» tanto tiempo si hubiera tenido referencias en el imaginario popular de que una persona transexual puede ser heterosexual, homosexual, bisexual, pansexual, asexual o lo que quiera. Si yo pude armar el puzzle fue porque una amiga me lo resolvió con un simple: «Eres mujer, te pueden gustar las mujeres. ¿Qué problema hay?». Yo tuve suerte de encontrar esa persona… y luego buceé por YouTube y encontré en Riley J. Dennis una persona que contaba una historia vital similar a la mía. Entonces me sentí acompañada. Le escribí un pequeño mensaje de agradecimiento.

A lo largo de este tiempo me he dado cuenta de que mi ignorancia también estaba en mis amistades, que se sorprendieron… pero les pareció obvio cuando les dije simplemente lo mismo que aquella amiga me había dicho a mí. Incluso se lo he tenido que explicar a otras mujeres transexuales heterosexuales… hasta dentro del colectivo somos desconocidas. Pero una vez que nos visibilizamos, se hace sencillo de entender. No es escribir código ensamblador para procesadores x86_64 o bailar un mambo de Tito Puente (ejem, ya voy apuntando maneras de sobre qué cositas pienso escribir… ¡la Junta de la Asociación me va a matar!).

Y si tú eres una chica trans lesbiana o crees que quizás puedas serlo, que sepas que no estás loca ni sola: existimos y somos divinas de la muerte… y no dudes un segundo en dejarte acoger por la comunidad lesbiana. Creo que no hay lugar más lleno de memes extraños, habilidades de panadería y cariño que entre nosotras, las hijas de Safo.

Foto: Bandera LGTB por Ariadna Vigo.

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Ari

Hola! Yo soy Ariadna Vigo, pero me conocen más como Ari... es más corto y es más cuqui! Nací en Buenos Aires, pero, bueno, he dado muchas vueltas y ahora vivo en Nafarroa. Me gusta etiquetarme como agitadora cultural: desde la música afrocaribeña hasta el Software Libre, pasando por la fotografía y las artes en general.

Links: ariadnavigo.xyz

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