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Recuperemos el lavado rosa

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Hace unos pocos años, cuando empecé mi formación teórica en política (por llamarlo de alguna manera), uno de los términos que más me llamó la atención fue el de Lavado Rosa o Pinkwashing. Este concepto es relativamente fácil de explicar, podríamos decir que es el uso del colectivo LGTBIA para tapar toda clase de abusos del capitalismo, desde los falsos autónomos usados por GLOVO o DELIVEROO hasta los crímenes perpetrados por Israel.

Lo importante de este fenómeno es que pone el foco en quien hace ese uso del colectivo y no en el colectivo en sí, ya que lo segundo seguiría siendo una respuesta funcional al capitalismo, tan funcional como creer que hay sinceridad en esas medidas de lavado rosa. Como resumen diríamos que el hecho de que Biden ponga a una mujer trans al mando de un ataque militar no es más progresista ni es mejor para el colectivo trans, porque sigue siendo un ataque militar que están intentando blanquear.

Dicho todo esto, es razonable preguntarse cosas como ¿por qué recuperarlo? ¿cuándo lo hemos perdido? Pues lo cierto es que lo perdimos en el momento en el que “el gurú” de La trampa de la diversidad nos vino a decir en el famoso libro que la trampa era la diversidad per se, que eso fue lo que “mató al PCE”. Aquel libro se puso muy de moda en una parte de la izquierda reformista que vivía (y vive) en la nostalgia del socialismo soviético, y de la gran industria.

De este modo tan resumido, se ha hecho que el colectivo LGTBIA esté en el punto de mira de parte de la izquierda, en especial la T. Tan rocambolesco es el escenario que hasta el PSOE parece un baluarte contra el neoliberalismo, el mismo que te dice que la vivienda es un bien de mercado, que los trabajadores de los servicios no esenciales deberían “devolver las horas al empresario” tras la suspensión, la reforma laboral de 2010 o los famosos GAL.

Por si fuera poco, fuera del parlamento, las organizaciones que se jactan de ser más revolucionarias que nadie, se dejan llevar por la marea del odio dándole unos tintes revolucionarios a los mismos lemas y los mismos discursos. Pero como el que lo está diciendo, lleva una bandera roja o rojinegra, por algún motivo se vuelve un discurso revolucionario.

Lo único que han conseguido este grupito de super revolucionarios es hacer retroceder décadas a la teoría que habíamos conseguido construir. No solo en lo que respecta al lavado rosa, sino a un montón de ámbitos más. Parece increíble que mientras que en las décadas de los 60 y 70, el feminismo se esforzase en hacer ver que la desigualdad de la mujer era una cuestión social frente a las teorías biologicistas, ahora en 2021 haya un sector que bajo la bandera morada pretenda pintar de revolucionarias esas teorías biologicistas. Años de lucha para que se dejase de relacionar al colectivo LGTBIA con la pedofilia para que ahora eso sea discurso “feminista”.

La cuestión no es recuperar el lavado rosa para que las empresas sigan blanqueando su imagen usando al colectivo, sino recuperar el concepto teórico para la izquierda. Y si le queremos dar un punto de vista más general, volver a hacer entender que el capitalismo va a usar infinidad de luchas legítimas para darse una careta humana y que el único culpable es el sistema podrido que está dispuesto a todo con tal de ofrecer una cara amable y perpetuarse, no los individuos que pertenecen a esos colectivos.

 

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