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Nadie tendría que pasar por esto

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Son las 3 AM y aún estoy despierta. Mañana hay muchas cosas que hacer: trabajar (gran privilegio) y un par de reuniones. El día que ha muerto hace unas horas ha sido muy, pero muy complejo.

Sin entrar en hacer disgrace porn, digamos que arrastro muchas cosas de un pasado pésimamente gestionado. Normal, cuando directamente te odias porque tu cerebro dice «Hola, soy mujer», el cuerpo va por otra vía… en mi caso hasta llegar a episodios de despersonalización, sensaciones de órganos fantasma y unas cuantas cosas más bastante escabrosas que, en mi caso, no se pueden explicar sin pensar en causas fisiológicas de alguna clase… es que es imposible gestionar bien la vida: inviertes un montón de energía solo en medio funcionar.

Encima, tener una propriocepción entrenada al milímetro, primero por el atletismo y luego por el baile… pues te hace totalmente consciente de dónde está hasta el último pelo de tu cabeza, dónde están tus manos, tus pies, todo. Gran ventaja: he conseguido reentrenar mi presentación muy fácilmente. Gran desventaja: si bajo la guardia, venga a machacarme.

He pasado por tener que vivir de patada en casas de amistades, venirme a Pamplona por una loca idea de medio rendirme delante de una familia que no piensa aceptarme, acabar durmiendo en un hostal de peregrinos donde llegué a tener que robar comida para poder sobrevivir, pasar a una pensión donde la habitación vecina fungía de prostíbulo… vivir al límite, sin comer, mientras trabajaba en un trabajo antiético donde me tuve que meter en el armario…

Y también soy la misma persona que se pensaba hace años que tot estava control·lat porque tenía un buen sueldo, una posición académica, viajecitos pagados por el Estado… pero, en el fondo, en el fondo, en el fondo, caía, caía, caía y caía. Caí en una adicción peligrosa: el alcohol. Llegué a defender mi tesis doctoral de empalme, con resaca y encima sacar cum laude. Me odiaba. Nada de lo que hacía llevaba a ningún lado. Todo era intentar apaciguar el dolor, las sensaciones incongruentes, los arranques de rabia…

Perdí dientes, perdí mi casa, perdí mi dignidad, mientras intentaba mil maneras de salvarme negando la realidad que en mi fuero interno era obvia. Ni siquiera salí del armario, como quien dice… Fue todo un accidente tras el otro, varios «Hablar contigo es hablar con una tía» de parte de un amplio número de amigas en mi vida, hasta que reventé un día de la forma menos glamourosa, menos bonita y, encima, casi cayéndome borracha a las vías del metro de Barcelona… En Glòries… para más inri… la estación donde me bajaba a trabajar cuando aún tenía el empleo.

Creo que la mayoría de mis amigas, cuando les dije la verdad, se sorprendieron solo por el anuncio, pero no por el contenido. En mi caso, la incongruencia era demasiada como para mantenerla.

He luchado demasiado. Hablaba con una persona estos días de cómo eso te hace más fuerte, pero que, realmente, nadie tendría que pasar por esto. Sé que mi caso se parece más a las mujeres trans de antaño que no tanto a las de mi edad. Gracias al cielo las cosas han mejorado socialmente, aunque sean muy mejorables. No le deseo a nadie pasar por lo que he pasado yo y no quiero ni imaginarme lo que han podido pasar otras personas transexuales más marginalizadas que yo. Si yo tuve «suficiente», por Dios… es que no quiero imaginarme lo que han pasado quienes lo han pasado peor que yo.

Yo tengo una educación, mundo, experiencia en altas esferas desde pequeña y eso me da recursos. Eso también en muchas ocasiones me ha generado mucho problema para pedir ayuda: un «Tú no deberías estar así» constante que bloquea, no ayuda… Pero al final, es que una sola no puede… la ayuda la seguiré necesitando. Hace falta y quiero construir.

Hoy puedo decir que mi adicción es parte del pasado, que tengo casa, que sí me aprietan por todos lados en deudas y temas pendientes personales, pero estoy consiguiendo mantener el control. Tengo un trabajo que, curiosamente, quería hace décadas y tengo cierta presencia en ciertos ámbitos del Software Libre que me encantan. Lo más importante, por supuesto, es que aunque el espejo es una moneda de dos caras… estoy tranquila de que me siento mejor, que noto que la TRH me sienta bien y que hay futuro. Tengo objetivos y sé que acabaré siendo una tía más por ahí, con alguna rareza y sin más.

En octubre 2019 me dije, en la bañera, «No hay más salida». Estamos a junio 2021. Casi dos años más tarde sigo aquí… y las cosas están en marcha. Siempre hay un camino.

Nadie tiene que pasar por esto, especialmente en lo que respecta a sentimientos y pensamientos. Nadie. Yo me he sentido muy culpable mucho tiempo. Tomé malas decisiones, sí. Lo bueno es que cada día una puede cambiar la inercia y seguir adelante. Eso no quita que una mire para atrás y se le nublen los ojos mientras en el corazón se retuercen algunas de las cicatrices.

Una se enjuga las lágrimas y, con una sonrisa, se lanza hacia el próximo desafío. Viure és l’únic camí… i vivint arribarem més lluny del que mai ens vam poder imaginar…

Foto: La última foto que pude tomar en Barcelona (Julio 2020)

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Ari

Hola! Yo soy Ariadna Vigo, pero me conocen más como Ari... es más corto y es más cuqui! Nací en Buenos Aires, pero, bueno, he dado muchas vueltas y ahora vivo en Nafarroa. Me gusta etiquetarme como agitadora cultural: desde la música afrocaribeña hasta el Software Libre, pasando por la fotografía y las artes en general.

Links: ariadnavigo.xyz

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